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PARA COBRAR UN SEGURO, NO ES LO MISMO SER PAREJA DE HECHO QUE CÓNYUGE

Desde el punto de vista legal, matrimonio y pareja de hecho no son lo mismo.

La jurisprudencia del Tribunal Supremo, en línea con el Tribunal Constitucional, ha precisado que la unión de hecho es una institución diferente de la de matrimonio, aunque ambas caen en el ámbito del Derecho de Familia.

Y es más, una sentencia del Tribunal Supremo de septiembre de 2005 advierte que “con la existencia del matrimonio homosexual y el divorcio unilateral, se puede proclamar que la unión de hecho está formada por personas que no quieren, en absoluto, contraer matrimonio con sus consecuencias”.

Lo que significa que, desde el punto de vista legal, matrimonio y pareja de hecho no son lo mismo, es decir, que quienes se inscriben en el Registro de Parejas de Hecho no tienen los mismos derechos que los que contraen matrimonio, y la reciente sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona, Sección 17ª, Sentencia 730/2018 de 15 Oct. 2018, Rec. 605/2017, mantiene tal diferencia en los seguros de vida.

En el presente caso enjuiciado por la Audiencia Provincial de Barcelona, una señora interpuso una demanda frente a una entidad aseguradora, en reclamación de la cantidad de 10.000.- €, mas intereses del art. 20 LCS y costas, al entender que la misma era la legítima beneficiara del Seguro de Vida suscrito por el que fue su pareja de hecho durante más de 10 años, máxime cuando el difunto la había nombrado heredera, y la misma había aceptado tal posición.

La entidad aseguradora se opuso a tal petición, puesto que la misma entendía que  estaba obligada a satisfacer las prestaciones a la persona designada como Beneficiaria de la póliza, en ausencia de designación expresa, como es el caso, debía remitirse a la prelación contenida en las Condiciones Generales de la póliza, en las que se establece un orden preferente y excluyente, conforme al cual el beneficiario será en primer lugar el cónyuge, siempre que no esté separado legalmente o de hecho, en segundo lugar los hijos, en tercer lugar los padres, en cuarto lugar los abuelos, en quinto lugar los hermanos, y a falta de todos ellos los herederos legales del asegurado; y en aplicación de ese orden procedió a abonar la cantidad solicitada de contrario a la hermana del fallecido.

Que conforme a lo anteriormente expuesto, el objeto de dicho procedimiento consistía en  determinar quien tenía preferencia para cobrar la indemnización, si la demandante, como pareja de hecho del fallecido, o la hermana del mismo.

Finalmente, el Tribunal entendió que la actuación de la aseguradora fue correcta, al atenerse a lo expuesto en la póliza,  puesto que bajo el concepto de unión de hecho se agrupa una diversidad de supuestos de parejas estables que, no obstante su heterogeneidad, comparten ciertas notas comunes que permiten conformar una noción general unitaria. En efecto, la unión de hecho puede caracterizarse, en principio, como una relación estable de convivencia, cuyo elemento definitorio común queda cifrado en la voluntad libremente configurada de permanecer al margen del Derecho en cuanto a las consecuencias jurídicas inherentes a la institución matrimonial a que se refiere el art. 32 CE (LA LEY 2500/1978) . Debe matizarse que, si bien, como regla general, esa exclusión viene dada por la libre y voluntaria decisión de los integrantes de la pareja de no acceder a la formalización del vínculo matrimonial conforme a las previsiones legales.

Que por lo tanto, el elemento esencial de la constitución de la pareja de hecho es, por tanto, su conformación extramuros de la institución matrimonial por decisión propia de sus integrantes, adoptada en ejercicio de su libertad personal, y que “se vincula con sus convicciones y creencias más íntimas” ( STC 47/1993, de 8 de febrero (LA LEY 2129-TC/1993) , FJ 4). Dado que la posibilidad de elegir una u otra opción – matrimonio o pareja de hecho- se encuentra íntimamente vinculada al libre desarrollo de la personalidad ( art. 10.1 CE (LA LEY 2500/1978) ), el Estado no puede imponer una opción o limitar las posibilidades de elección salvo en virtud de los condicionamientos que pudieran resultar de las normas de orden público interno.

Que por todo lo anteriormente expuesto, a la hora de “formalizar” una relación sentimental, es aconsejable obtener un buen asesoramiento legal, para conocer las diferencias existentes entre las distintas figuras legales, y así poder elegir libre y conscientemente que opción es la que más se adecua a la pareja en cuestión.

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